MEXICO
BUENOS
AIRES
MADRID
u n tì&qabo q/uu¿ U aq/ixideaeAÁn 4a a A pGM&nieA
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De la portada de MVNDO HIS
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C H IL E
...........
C O L O M B IA ..
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30 P ESO S
30 0 B O L IV IA N O S
120 C R U C E IR O S
2 4 0 PESO S
12 »
39 C O LO N E S
C U B A
.............
E C U A D O R ....
EL S A L V A D O R
E S P A Ñ A
.........
F IL IP IN A S
.......
G U A T E M A L A .
6 PESO S
9 0 SU C R E S
15 C O L O N E S
114 PESE TAS
18 PESO S
6 Q U ETZALES
H O N D U R A S..
M E X IC O
.......
N IC A R A G U A
P A N A M A ....
P A R A G U A Y ..
PERU
.............
12 L E M P IR AS
42 P ESO S
30 C O R D O B A S
6 B A L B O A S
24 G U A R A N IE S
39 SO LE S
P O R T U G A L
............................
PU ERTO R IC O ........................
R E P U B LIC A D O M IN IC A N A . .
U R U G U A Y
..............................
U. S. A
...................................
V E N E Z U E L A
...........................
144 ESCUDOS
6 DO LARES
6 »
12 PESOS
6 DO LARES
21 BO LIV ARES
ADMINISTRACION: ALCALA GALIANO, 4 - MADRID - (ESP AÑA)
APARTADO DE CORREOS 245-TELEFONO 230526
EL
ULTIMO "MANOLETE
P o r JULIO FUERTES
"Manolete” con su madre.
A
L entrar en el estudio del pintor Daniel Vázquez-Díaz, la alta
y escueta figura del diestro cordobés Manuel Rodríguez Ma
nolete” se nos viene encima como desprendiéndose del lienzo
en que está pintada. Rafael García Serrano ha escrito en un emocio
nante reportaje, que saludamos sugestionados: ’Buenas tardes, Mano
lo Y así deb ser. El tremendo realismo del retrato no es lo en
el exacto parecido sico y en la absoluta fidelidad a gestos y ademanes
peculiares del diestro, sino en que de ellos trasciende íntegro el último
capítulo de su vida, cerrado trágicamente en Linares en la madrugada
del 29 de agosto del año 1947-
Ya no era Manolete” cuando murió. Junco demasiado alto para
estar erguido, no pudo resistir el embate de un huracán de pasiones
desatadas. Habíase doblado el tallo un año ats y la altiva cerviz se
humillaba muchas veces hasta las mismas puntas de sus zapatillas en
dolorosa claudicacn. Un gesto amargo, casi tétrico, señoreaba en el
rostro marfilo, afilado, en el que antes lo resplandecía una sonrisa
infantil suavemente melancólica. El lido mechón gris de su cabello
habíase convertido en sombría ceniza cargada de lúgubres profecías.
Sólo en los ruedos, aunque por pura inercia, conservó hasta el fin el
aplomo juncal de su figura, el continente estoico, la señorial prestan
cia y la verdad de su arte.
Manolete era ya, al morir, un Manolete” atormentado y resig
nado con su trágico destino. La anécdota, cargada de vilezas, andará un día en romances callejeros, cuando
sus propios protagonistas la cuenten al filo de su vejez o de su muerte, como un desahogo de conciencia
en tardío e ineficaz arrepentimiento. Se sabrá entonces mo Manolete” hizo sus últimas posturas en el
trágico juego de la vida y la muerte; mo su pobre cuerpo debilitado y vacilante se erguía con firmeza sobre
las lidas arenas de los ruedos. Se sab el poderío de una voluntad que lo se conservó intacta para lidiar
y vencer a la muerte ante masas violentas e indomables, a las que citamente tambn quería vencer.
Era más dura esta lucha, más complicado el juego; pero Manolete” ganaba al fin. Ganaba por la fuerza
irrebatible de su tremenda apuesta, cada vez mayor, ya que su fortuna, incrementada de día en día, se la
jugaba entera con la vida. Pero el hombre, no el torero, salía aniquilado. Era frecuente que sus íntimos es
cucharan sus lamentaciones tras cada corrida: ¡Esto es terrible; me exigen s de lo que humanamente
puedo hacer!...” Exclamación de hombre digno que, triunfador, pese a todo, se declaraba vencido.
Parecía que en la corrida inmediata se produciría la derrota; pero el genio se imponía una vez s. De lo
profundo de sus entras surgía aquella norma que un día nos expuso con impresionante y maravillosa senci
llez: Aunque no hubiera un solo espectador en la plaza, torearía igual”; y el éxito volvía a llegar inexorable
mente uncido a su singular manera de hacer. Creaba por el placer de crear; jugaba con la muerte por ven
cerla, y apenas se daba cuenta que mientras parejamente aumentaban su fama y su fortuna, parejamente
también se fraguaban su desventura y su muerte. ¡Su gloria, al fin!
Tres actuaciones de Manolete” fueron como lúgubres presagios de su destino: el 26 de junio en Segovia,
el 16 de julio en Madrid y un mes después en San Sebastián. En la primera, una crítica ferozmente adversa,
injusta y cruel, le negó la sal y el agua. Ni
la dificultad del ganado, ni la furia desen
cadenada.de los elementos de la Naturale
zalluvia, viento huracanado, relámpagos
y truenos—en el preciso instante de su pri
mera faena, fueron suficientes motivos para
suavizar las plumas que en tiempos s pro
picios cantaron sus hazañas, quizá con ex
ceso. La verdad es que Manolete” se iba y
corría prisa de preparar el camino y tender
la alfombra al primer advenedizo afortunado.
En la segunda y en la tercera corridas fué el
público su enemigo, fueron los públicos de
Madrid y San Sebastián, duros, hostiles y
resentidos, envidiosos de su fama y más que
de su fama de sus millones, tan multiplica
dos en la fantasía de las gentes como amar
gados para quien los ganó en riesgo perma
nente de su vida. En Madrid le cos una cor
nada, una más, ”la del año, la de cada año”,
dijo él mismo con amarga naturalidad, con
vencido de que derramar su sangre era un
tributo obligado a su aficn y a su arte úni
cos en holocausto de la brava fiesta. En San
Sebastián, con gesto vencido, desgreñado,
sudoroso y desmayado, exclamó ante el mi
crófono que retransmia la corrida: ¡Qué
ganas tengo que llegue octubre!
En el conocimiento de estas tres fechas
anduvo Vázquez-Díaz en busca del Mano
leteque ha pintado tan magistralmente. ¡Y
bien que lo halló! En el lienzo está fijado con
todo el peso abrumador de su grandeza y
el trágico presentimiento de su cruento final.
Está fijado el Manolete” que ya no era el
Manolete” de sus años ascensionales, el de
la sonrisa infantil, suavemente melancólica..,
Está fijado el roe.
El pintor Daniel Vázquez az autor del retrato de" Manolete” que se reproduce
en la portada de este número.
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3
UN IDEAL OLVIDADO
P o r
ADOLFO DE HOSTOS
H
ACE alrededor de ochenta años que un huma
nista español, nacido en Puerto Rico, Euge
nio María de Hostos, propuso, en esta ciudad
de Madrid, la federacn de España y de los
Estados independientes de América de origen es
pañol.
Por adelantarse a su tiempo, el pensamiento de
Hostos se perdió en el vacío. No era el momento para
la visión serena, mucho menos para concertar enten
didos entre parientes recn conciliados. Las rever
beraciones de la sacudida revolucionaria mantenían
aún encendidas las pasiones violentas. Pueblos en
formacn iban pasando, en desigual progreso, de la
anarquía a una nocn vacilante de los derechos civi
les y de las altas conveniencias de la vida organizada.
En mala hora se perdió en el clamoreo pasional,
que es el politiqueo a la americana, la voz del pensa
dor portorriqueño. Ella expresaba tan genuino
amor a España y a la América española, que mal po
día un tan elevado sentimiento inspirar torpes pen
samientos. Todo noble ideal refleja un perfecto
acuerdo entre el corazón y el cerebro.
Los pueblos hispánicos seguían respondiendo al
tenue impulso gregario que alentaba en ellos la con-
saguinidad con estériles lirismos. ¡Madre coloniza
dora! , suspiraban los de allá. ¡Recordad la epopeya
cristianizadora! , insinuaban los de acá. Suspiros,
insinuaciones: meras variantes de una indefinida
aspiración
* * *
Transcurrido más de un siglo después de la separa
ción de las colonias de América, bien podemos pre
guntarnos si la disgregación de la familia española
ha dado los frutos que la lógica hubiera podido es
perar de la federación. ¿Qué se hubiera logrado con
ésta? Adivinémoslo: una ciudadanía común para to
dos sus componentes; es decir, puertas abiertas a la
iniciativa individual de los españoles de ambos Mun
dos en la obra del engrandecimiento de la raza; es
tructurar una economía federal, o lo que tanto vale,
sujetar a ciertas normas económicas cada uno de los
componentes, con miras al interés y la prosperidad
de la comunidad de naciones: la unidad del pensa
miento hispánico a través de legislación oportuna
en materia educativa, cultural y religiosa. Como un
ejército bien organizado, las legiones españolas esta
rían en aptitud de ocupar sus puestos en las trinche
ras de la civilización en esta hora crucial de la Hu
manidad frente a las otras grandes familias étnicas
que se disputan el derecho a la felicidad.
*
* *
¿Tiene aún actualidad aquella proposición del hu
manista antillano?
Nadie negará que el ideal liberal va triunfando en
el mundo. Nadie negará que su triunfo significa una
más estrecha unión de los hombres. El actual pro
greso científico es otro potente factor asociador. La
ciencia ha convertido en vecinos a los pueblos de la
tierra. Nuevas energías que acaban de ponerse al ser
vicio del hombre nos acercarán aún más. La extrema
facilidad para efectuar los contactos humanos nos
lleva hacia la comunidad de intereses de todo género.
A pesar de nosotros mismos, marchamos hacia la
confraternidad. Será por grupos raciales primero.
Ahí está nuestra oportunidad.
Y a existe, por razón de la susodicha consanguini
dad en primer grado, la comunidad de intereses inte
lectuales, psicológicos y espirituales en los miembros
de nuestra familia hispánica. ¿No sea la federación
el medio potico de mantenerlos en el fecundo con
tacto que les permitiría realizar su evidente destino
colectivo?
¿Hemos de permitir, cruzados de brazos, que se
esterilicen en el presente estado de dispersn nues
tros fermentos morales, siendo, como son éstos, sus
ceptibles de convertirse en las fuerzas constructi
vas por excelencia de nuestra civilización hispánica?
Recepción en La Granja, ofrecida por S. E. el Jefe del Estado español en honor del Gobierno y Cuerpo diplomático.—El Generalísimo Franco
con la señora de Martín Artajo, seguidos de doña Carmen Polo de Franco, con el señor ministro de Asuntos Exteriores.
Un momento de la recepción en los jardines de La_Granja.
4
Recepción en la Embajada de España, en Rio de Janeiro.
LOS E S P A Ñ O LE S
I
FESTEJARO N I
EN TODO EL MUNDO !
LA FIESTA DEL
I
preguntas más
18 DE JULIOS
Si sabe usted contestar correctamente a 16 de estas preguntas, es
usted casi un especialista en temas hispanoamericanos. Si lo con
testa bien a 10, está en magníficas condiciones para completar
con provecho sus conocimientos de estas materias. Y si contesta
a menos de 5..., entonces, amigo, la verdad es que no debe usted
presumir, por ahora al menos, de que sabe mucho de estas cosas.
Otro momento de la recepción ofrecida por S. E. el Jefe del Estado español
en los jardines de La Granja (Segovia).
i Infanta D.» Cristina de Borbón, asistió en Rio de Janeiro a la re-
aDare Paaa p?r *a Embajada española con ocasión del 18 de Julio. En la foto
p ece en dicho actocon el Embajador de España Conde de Casa Rojas.
¿Recuerda usted qué país hispano
americano TIENE EN SU BANDERA DOS
¡ ¡ ¡ I FRANJAS BLANCAS FORMANDO UNA CRUZ?
LOS ESPAÑOLES LLAMABAN ,’TIERRA DEL
B ir u A LA QUE SE EXTENDÍA AL SUR
= de Panamá. ¿Sabe usted en qué nombre ha
- VENIDO A CONVERTIRSE AQUÉL?
Odontólogo de profesn, don Fe
lipe Molas López pasó de Ministro
§¡g de E ducación a P residente del Gobierno
= DE su ps recientemente. ¿De qué país se
TRATA?
¿Sabe usted en qué benefició a los
Estados U nidos el tratado Hay-
Pauncefote de 1901?
¿Sabe usted durante cuánto tie:.:po
fué Presidente de H onduras Carías
Andino, antecesor del actual Presidente
J uan Manuel Gálvez?
¿Recuerda usted en qué fech a se
CELEBRA EN MÉXICO LA FESTIVIDAD DE
Nuestra Señora de Guadalupe?
¿Puede usted decir cuál es la prin
cipal INDUSTRIA ARGENTINA?
4
¿Cómo se llama la moneda nacional
de E cuador?
¿Dónde nace el río Amazonas, en
Bolivia o en Perú ?
Calle Morandé, núm. 80, es la direc-
_____
CIÓN DE LA RESIDENCIA PRESIDENCIAL
EN LA CAPITAL DE UNA NACIÓN SUDAMERICANA.
¿Cu ál?
¿MO SE LLAMABA EL PRIMER EUROPEO
QUE LLEGÓ AL URUGUAY?
¿Sabe usted decirnos la nacionali
dad de E l Semanario, revista d e
dicada A LA CULTURA Y A LAS RELACIONES CEN
TRO AMERICAN AS?
¿Sabe u sted cómo se llamaba el
AVIÓN EN QUE GaLLARZA Y LÓRIGA
REALIZARON EL VUELO MADRID-MANILA EN 1926?
¿E n QUÉ PAÍS HISPANOAMERICANO PIENSA
USTED AL OÍR HABLAR DE LOS BAROS ?
¿Desde cuándo se llama oficialmente
así la República de E l Salvador?
Ricardo N úñez Portuondo, E duardo
_ _ Chibás y J uan Marinello fueron los
CANDIDATOS DERROTADOS EN LAS ÚLTIMAS ELEC
CIONES PRESIDENCIALES DE UN PAÍS HISPANO
AMERICANO. ¿Cu ál?
9
¿Sabe usted en qué fecha celebra
_____
Portugal su Fiesta Nacional?
Y
E n la plaza de la Candelaria de
UNA CAPITAL DE HISPANOAMÉRICA SE
HALLA LA IGLESIA CATEDRAL DEL MISMO NOM
BRE. ¿Cuál es la ciudad?
Í O I I
¿EN QUÉ AÑO SE CREÓ EN LA UnIVERSI-
!¿JL| dad Central de Madrid la Cátedra
Ramiro de Maeztu para investigadores
HISPANOAMERICANOS?
1 o L a diosa india del agua, Sìa , tiene
l y UNA ESTATUA EN UNA DE LAS AVENIDAS
DE UNA CAPITAL SUDAMERICANA. ¿CuÁL?
~*y ñ \ El Popol Vuh es una antigua cró-
nica que contiene las leyendas mí
ticas Y HEROICAS DE LOS QUICHÉS. ¿A QUÉ
PAÍS REFERIRÁ USTED ESTE DATO?
¿Recuerda usted el nombre del pri
m ero Y ÚNICO EMBAJADOR QUE EL
Brasil ha tenido en la Unión Soviética?
ñ o ] ¿Qué país tiene en t r e sus danzas
TÍPICAS LA LLAMADA E l ZOPILOTE,
EN QUE LOS DANZANTES VISTEN COMO JAROS?
v n ov u vo i\ [ -ÇZ 'v a v r e a x v n o z z '9^61 'IZ 's v o v a v o 02
axN aA axixsN O Q avN oio vjq v a a a n v s y as a a N o io v a va o aa a o a ‘ n*8I a a o a a a a a a a a j a a s a Q '61 00111 o x a a a g a a
so ia N i n o s '81 '„ ia z v o a q ,, '¿ I — 'v o i g v x s o g b q -91 'o aN O N a a a sa N O iov avx sN i s aa oA v re s va n oo vAaasNO O N a
aN a vo a a N O io v avx a a d v g 'g f — - a a a w a io ia a a z i 1 3 'H s o n v aO N in f) '¡3 — O D iN yao oaaxN i o vn v o N a um axsN OO
a a o x a ra o a v v jm v n v j a a o k x s i aa a a a o s V N aad a v a ia o x a v v oiag cH v ax ao jq v o i q '¿3-o v a N v a g aaxM aivrg a a
o iu v jç -a s 1 3 ‘ I I — y x o o o g o í ' o á v m a a g j 1 3 -g - s v a a v o o s 01113 o a N a ia x 'v a o g 8— 's ja o s a a z v j q N v a f "¿
'a a m g 9 "v iA ia o g n oo a a a g a a a v a a xN o a a v a N a axN are
-v s io a a a o a v a x is v o v o ix ix oova aa N 3 -5 'a s a o s 0 3 y p w y p v a J p p j V I 0 7
'A v a o v u v g -g - o a a g 'z ' v n v o in i w o q v o n a n a a g v j [ o V ü_, o -ti 1 I ü o a CJ Z, O
5
MVNDO
HISPANICO
LA R EV ISTA DE V E IN TIT R E S PAISES
MEXICO BUENOS A IR E S M AD RID
CONSEJO EDITORIAL
PRESIDENTE: ALFREDO SANCHEZ BELLA
VOCALES: ANGEL ANTONIO LAGO CARBALLO - PEDRO
LAIN ENTRALGO - ERNESTO LA ORDEN MIRACLE -
MANUEL JIMENEZ QUILEZ - MARQUES DE LAS MARISMAS
DEL G UADALQ UIVIR - LUIS M ARtlN EZ DE FEDUCHI -
MARIANO RODRIGUEZ DE RIVAS
DIRECTOR: MANUEL JIMENEZ QUILEZ
REDACTOR-JEFE: MANUEL SUAREZ-CASO
AÑO II - N.° 17
AGOSTO, 1949
a
La portada de este número reproduce
el retrato del torero Manolete, pin
tado por Vázquez Díaz. En este mes
de agosto se cumplen dos años de la
muerte del gran torero cordobés.
SUMARIO
EL ULTIMO "MANOLE TE", por Julio Fuertes............................................................................. Póg. 3
UN IDEAL_OLVIDADO, p o r A do lfo de Hoscos.......................................................................... » 4
LOS ESPAÑOLES FESTEJARON EN TODO EL M UND O LA FIESTA DEL 18 DE JU
LIO. Inform ación g rá fica ................................................................................................................ * 5
CONJETURAS SOBRE LA PROXIMA GUERRA, por B. H. Lid d ell H a rt
............................
» 7
NORTEAMERICA VISTA DESDE EUROPA........................................................................................ » 10
PLAZAS ESPAÑOLAS, por Enrique A zco a ga.................................................... » 13
ABDULLAH DE JO RDANIA, GUERRERO Y POETA, p or Justo Peral de A costa
------
» 16
VO LANDO SOBRE EL CARIBE.............................................................................................................. » '8
MISISIPI, por Joaquín M onta ner......................................................................................................... > 19
AFRICA VERSUS HISPANOAMERICA, p o r Juan A ntonio Llano H u ld o b ro
....................
» 20
REFRANERO METEOROLOGICO DEL V E R AN O
..........................................................................
» 22
BANDERAS A M IG A S................................................................................................................................. » 23
UNA ETERNA ILUSION: ELDORADO, por S. M .......................................................................... » 24
DE LA PRIMERA SALIDA DE "M AN O LETE", por A nto nio B elló n
.......................................
» 26
"C A M A R A " EN LA VIDA DE "M AN O LETE ", por José Luis de C ó rd oba
......................
» 28
LA REAL ORDEN DE ISABEL LA C A T O LIC A ................................................................................. » 30
LA BELLA EASO, POR OTRO NOMBRE SAN SEBASTIAN, p or A nton io O lascoaga .. » 32
DEL PIRINEO A SHANG HAI, PELOTA VASCA, p o r A lberto C lavería ............................... > 36
EL GRAN AM OR DE COYOTE-IGUANA, p or A rm and o C hávez C am ocho
...................
» 39
¡QUE PREGUNTAI, breve an tolo g ía del humor de San M a rtín
.......................................
» 42
LA V IDA EN UNA CARTUJA, por Esteban Fernández . .. ¿
..................................................
» 43
EL LABORATORIO DE LA LENGUA CASTELLANA: 42 SEÑORES GOBIERNAN EL
ID IOM A QUE HABLAN 150 MILLON ES................................................................................... » 46
YAN Q U IS EN EL VERANO ESPAÑOL ............................................................................................ » 49
COPACABANA, por Renato de M endoça...................................................................................... » 50
CALLANDO HACIA LA NIEVE, p or Luis R osale s...................................................................... » 52
5.255 MILLONES PARA LOS FF. CC. DE ESPAÑA, p or Jesús de la F uente
...........
» 53
ESTOS LIBROS HEMOS LEIDO............................................................................................................. » 55
...Y LO DEMAS ES LITERATURA..........................................................................._........................ » 56
LA OBRA SINDICAL DEL HOGAR MULTIPLICA LOS HOGARES ESPAÑOLES, por
Tomás B o rrá s ...................................................................................................................................... » 57
C olaboraciones gráficos de M üller, Santos Yubero, C am púa, K indel, Palacios, M anipel,
Lara, M ontes, A. de Sorda y Contreras, de M a d rid; M ario Bucobich, de N ueva Y ork,
y Sascha Harnisch, de Río de Jane iro.
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Chile
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Colombia
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1,00
Costa Rica
..........................
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Cuba.......................................
0,50
El Ecuador
...........................
7,50
El Salvador
.........................
1,25
España
.................................
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EE. UU. de Norteamérica.
.. . D ólares 0,50
Filipinas
........................
*...
1,50
1 o s
Guatemala
.................
........
Quetzales
0,50
Honduras
....................
1,00
México
........................
3,50
Nicaragua
..................
2,50
Panamá........................
0,50
Paraguay....................
2,00
Perú............................... 3,25
Portugal
.....................
.
12,00
Puerto Rico.................
0,50
R. Dominicana
..........
0,50
Uruguay
.....................
1,00
Venezuela
...................
1,75
Demás países, sobre pesetas 12,00
TIPO G RA FIA Y E NCU ADE RN AC IO N , BLASS, S. A. (M ADRID) H UECOGRA BA DO ,
H IJO S D E H ERAC LIO F O U R N IE R , S. L. (VITORIA ) O FF SE T, IN D U ST R IA GRAFICA
VALVE RD E, S. A. (SAN SEBA STIAN ) FO TOG RA BADO , LA NGE Y FU G U ET.
PROPAGANDA
Aquel corresponsal de un pe
riódico norteamericano lle a
Madrid dispuesto a enterarse bien
por mismo de las cosas de Es
paña: ¡fueran cuales fueren las di
ficultades que se le opusiesen en
su labor investigadora!
Desde que ba delautos que
le trajo hasta el centro de Madrid desde el aeródromo, el hombre fué de sor
presa en sorpresa, como bien” informado representante de la ’bien” infor
mada prensa de su país. AI llegar la noche, decidido a todo, renunció a
cenar en el hotel y se marchó, solo, a los barrios bajos. Ent en una taber
na donde anunciaban comidas, pidió el menú y pudo ver ante si a los pocos
instantes una mesa opíparamente servida.
El hombre no pudo contenerse, y exigla presencia del dueño del esta
blecimiento. Y ante la estupefacción del tabernero, se lo llevó a un rincón,
y le dijo con muchísimas precauciones:
Escúchenle, señor. Yo soy norteamericano, y no tiene por qué disi
mular conmigo. ¡Las tabernas aquí forman parte de la propaganda del
Gobierno! ¡No me diga que noi
NERVIOS
El cantante negro Paul Robeson, personaje muy bien visto
al lado allá del "telón de acero”, regresó a Estados Unidos
después de un viaje de exaltación fraternal intemacionalista
por los países de la Europa Oriental.
Resumiendo sus impresiones, Robeson dijo a los periodis
tas neoyorquinos que acudieron a fotografiarle y pedirle
, opiniones:
"Siento el más profundo desprecio por la Prensa democrá
tica, y verdaderamente tengo que contenerme para no rom
perles a ustedes sus cámaras en las cabezas.”
DESCONFIANZA
En una tertulia de gen
te de cine se hablaba de
las cualidades morales fe
meninas. En general, se
estaba de acuerdo en que
las morenas son mucho
más formales que las rubias, y las rubias, aunque acaso
más divertidas, bastante menos de fiar.
Lo terrible de las rubias no es lo eso— sentenció el
galán Antonio Casal , sino que, además de no ser de
fiar, casi nunca son rubias.
OPORTUNIDAD
La fiebre por las novelas ’’radiales” va contagiando a los radio
yentes españoles, entre las clases populares. Aunque todavía no
con tal apasionamiento como en algunos países hispanoamerica
nos, aquí ya la gente sigue con emoción las peripecias de los perso
najes a tras de los episodios diariamente largados a las ondas.
Comentando esto, se quejaba una señora de que, habiendo ido
de visita a casa de una amiga suya, hubo de estar callada du
rante media hora para que se pudiese escuchar por la radio el ca
pítulo del novelón de turno. Bastante molesta, la visitante acortó
después la entrevista, y se marchó. Pero todavía, en la despedida,
le aconsela dueña de la casa:
Mujer, a ver si otro día viene usted durante la hora sinfónica.
Porque euLonccs , como es música todo, podremos hablar a gusto.
DESCUBRIMIENTO
El señor Dewey, por dos
veces candidato republica
no a la presidencia de Nor
teamérica, ha declarado,
demostrando sabiduría:
’Mos ha ganado s
en los últimos años de paz que cualquier otra nación ganó
jamás con guerras.”
Está bien, sí, señor. lo que quizá habría estado mejor
haberlo descubierto mucho antes, ¿no?
DISFRACES
El año pasado, p ara las fiestas de San Ferm ín en Pam plona, unos
estudiantes ingleses vinieron por prim era vez a España. Y como es
inevitable para lodo forastero en lossanferm ines” , se com praron
su pañuelo rojo, y hasta un pan taló n blanco para im itar a la m u
chachada pam plónica y como recuerdo pintoresco.
Este año alguno de aquellos turistas volvió a E spaña, pero esta
vez llegó por el Sur, desplazándose desde G ibraltar hasta M álaga
en un domingo de corrida de toros...
Im agínese la sorpresa de los m alagueños al ver a aquellos ingle
ses inconfundibles vistiendo pantalón blanco y pañuelo rojo, que,
por lo visto, creían era el traje nacional para asistir a las corridas.
SOMBRILLAS
Las autoridades municipales de
Madrid han introducido una in
novación: los guardias de la circu
lación disponen ahora de grandes
qu tasóles, listados de rojo y blan
co. El sol aprieta en verano, y era
lógico hacer esto que es común
en muchas ciudades americanas.
La lógica de los niños, sin embargo, va n más allá. Y hace unos dias
oíamos a un pequeñín preguntarle a su madre, al pasar junio al monumento
a Cristóbal Colón, en el paseo de la Castellana.
¿Quién es aquel señor que está allá arriba, mamá?
Es Colón, hijo, el descubridor de América.
¿Y por qué no le ponen una sombrilla como a los guardias? ¡Con
sol dándole todo el dia al pobre 1
P R IM E R CONCURSO
DE R EP O R T A JES DE
"MVNDO HISPANICO'
Mvndo Hispánico, a fin de esti !
mular la colaboración de escritores
y periodistas de los países hispano-
americanos, organiza, de acuerdo
con las bases que se detallan, un
CONCURSO CONJUNTO DE RE
PORTAJES LITERARIOS Y Fn'
TOGRAFICOS
1. ° Los reportajes, fundamen
talmente periodísticos, habrán de
referirse a temas del tiempo de hoy
o bien describir aspectos, costimi,
bres o paisajes de la vida en los paí
ses hispanoamericanos: hombres
comarcas o ciudades; industrias
comercio, agricultura, etc.
2. ° Cada reportaje habde te
uer una extensión que oscile entre
cuatro y diez folios (de ocho a
veinte cuartillas) mecanografiados
a doble espado por una sola cara.
3. ° Los reportajes literarios qué
se remitan a este concurso han de
venir ineludiblemente acompaña
dos del correspondiente reportaje
fotográfico, constituido por ocho
o más fotografías que recojan, de
modo brillante y expresivo, los as
pectos más importantes que se des
criban en el reportaje literario.
4. ° Las fotografías no podrán
tener una medida inferior a 9 por
12 centímetros. (En el caso de que
estas fotografías fuesen tomadas
en alguno de los sistemas de color
anscocolor, kodachrome, agfaco-
lor, etc.—, habn de remitirse las
placas o clisés originales, con medi
da de 4 por 6 centímetros, o mayor.)
5. ° No es necesario que los tra
bajos fotográficos hayan sido rea
lizados por el autor del reportaje
literario, o viceversa. Por el contra
rio, se admiten a concurso todos los
conjuntos de reportaje literario y re
portaje fotográfico realizados en co
laboración por dos o más personas.
6. ° Tanto los reportajes litera
rios como las fotografías habrán de
ser inéditos, y si el envío al con
curso lo realizara el autor del texto,
deberá incluir la oportuna acepta
ción de estas bases por parte del
fotógrafo o fotógrafos.
7. ° Se concederá un primer pre
mio de 6.000 pesetas—o su equiva
lencia en el país respectivo, al cam
bio oficial español—al mejor tra
bajo que acuda al concurso, y un
segundo premio de 4.000 pesetas
al que le siga en mérito. Para con
ceder este premio, el Jurado tendrá
en cuenta tanto el valor literario
del texto como la calidad artística
y expresiva de las fotografías.
8. ° Los trabajos que acudan a
este concurso han de estar firma
dos por sus autorescon indica
ción de su dirección postaly de
ben remitirse a la Redacción
de Mvndo Hispánico, en Madrid,
calle de Alca Galiano, m. 4. El
envío ha de hacerse por correo
reo. El plazo de admisión finali
zará el día 31 de diciembre de 1949-
Pasado este plazo, sólo se admiti
rán aquellos trabajos que hayan
sido depositados en Correos—para
el envío aéreo—antes de la citada
fecha, detalle que se comprobara
por el matasello.
9. ° El reportaje premiado pa
sa a propiedad de Mvndo His
pánico, para su reproducción en
la fecha que considere oportuna.
Asimismo Mvndo Hisnico se
reserva el derecho de reproducir,
entre los reportajes literario-grafi-
cos que acudan al concurso, aque
llos que considere merecedores de
publicación. En estos casos, abo
nará a sus autores una cantidad
que oscilará de 500 a
1.000 pesetas,
según el valor periodístico y foto
gráfico del reportaje.
10. El fallo del Jurado, que sera
inapelable, se publicará en la re
vista
Mvndo Hispánico, en el nu
mero correspondiente al mes de
febrero-marzo de 1950.
6
CONJETURAS
S O B R E L A
PROXIMA GUERRA
P O R B . H LIDD E LL HART
(e x c l u s i v o p a r a «m u n d o h i s p á n i c o )
El progreso de la aviacn, las bombas volantes y la
bomba atómica harán de la próxima guerra una gue
rra total. Una guerra que no afecta tan sólo a los
ercitos beligerantes, sino que alcanza tambn,
directamente, a la población civil. El prestigioso crí
tico militar ings Lidell Hart, mundialmente cono
cido, trata en este trabajo, entre otras cosas, de la
necesidad de llegar a un acuerdo sobre la limitación
de la guerra: limitación del empleo de las nuevas y
mortíferas armas, para dejarlo estrictamente redu
cido a los frentes de batalla y, en la retaguardia, a
los objetivos militares.
os escritos de Clausewitz estaban llenos de pensamientos profundos
I
lo eran demasiado para casi
más cortantes que aparecían en la superficie,
__
_______
^ _ más abstrusamente exponía y sin adentrarse
lo suficiente para abarcar la verdadera tendencia de su pensamiento (que a
menudo se movía en sentido contrario al de la corriente de superficie). Este
giro contrario puede hallarse cimentando la idea que tuvo los más fatales
efectos : la de la guerra «absoluta». En subsiguientes generaciones, soldados
y estadistas han seguido ciegamente el principio ilimitado sugerido en su
sorprendente premisa : «Introducir en la filosofía de la guerra una máxima
de moderación sea absurdo. La guerra es un acto de violencia proseguido
hasta el extremo.» Interpretando mal este rumbo metafisico de argumenta
cn, pasaron por alto su explicacn de que, «razonando en abstracto, la
mente no puede detenerse cerca de un extremo», y no pararon mientes en
su advertencia de que «todo toma diferente forma cuando pasamos de lo
abstracto a la realidad». Y, lo que es peor todavía, no hicieron caso de su
deducción de que si la guerra se prosiguiese hasta el extremo lógico, «los
medios perderían toda relacn con el fin, y en la mayoría de los casos este
objetivo de extremo esfuerzo quedaría maltrecho por el peso contrario de
fuerzas dentro del mismo». Los esfuerzos ilimitados llevan a naciones vic
toriosas al estado de autoagotamiento y autofrustración. Porque tan desme
dido gasto de recursos materiales y de energía moral está muy expuesto a
ocasionar la bancarrota de la política y la pérdida de toda buena perspec
tiva basada en la paz. Llevan a las guerras los impulsos primitivos de una
plebe enardecida, apartando brutalmente a un lado las calidades de estadista.
La idea del esfuerzo ilimitado se unió a la de propósito ilimitado, de
victoria absoluta. También aquí, los discípulos de Clausewitz se extraviaron
con su argumento de que «en teoa, el completo desarme o vencimiento del
adversario ha de ser siempre la finalidad de la guerra». Afectados por esta
sencillezgica, convirtieron un punto trico en dogma. No supieron aten
der a su modificativo comentario de que tal victoria absoluta «se logra
rara vez en la pctica y no es condición necesaria para la paz». Mediante
ciega creencia en ese dogma y uso implacable de todos los recursos posibles,
se ha logrado desde entonces en la práctica más frecuentemente..., pero
con completa desconsideración por las consecuencias, sobre todo el des-
X '
tructor efecto1 sobre el subsiguiente estado de paz.
La difusión de la fama de Clausewitz debió
mucho al hecho de quey esto fué fatal para la
Humanidaduno de sus discípulso, M oltke, se
convirtió en el director de las triunfantes campa
ñas prusianas de 1866 y 1870; ocasiones en que
la victoria se obtuvo rápidamente y la paz no se
hizo muy difícil. Esa doctrina, aceptada sin com
prenderla, influyó mucho en los orígenes y la
índole de la primera Guerra M undial. De ésta
condujo, muy lógicamente, a la segunda, queaho
ra puede versefué la natural secuela de las
condiciones económicas y psicológicas producidas
por e l primer conflicto.
Otro factor fatal, estrechamente unido a los tra
bajos de Clausewitz, fué la perpetuación del re
clutamiento obligatorio. La ley del ejército pru
siano, adoptada poco después de la caída de N a
poleón, se basaba en la norma de reclutamiento
de todos los hombres de diecisiete a cincuenta
años. Aunque el sistema no tuvo plena aplica
ción en la práctica, quedó para lo sucesivo es
tablecido como principio.
El crecim iento del sistema se alimentó con las
experiencias de la guerra civil norteamericana,
donde ambos bandos recurrieron al alistamiento
forzoso. Luego, en 1870, vino la victoria de las
tropas prusianas, de corto servicio, sobre las tro
pas francesas, de largo servicio, donde el reclu
tamiento forzoso no se había introducido sino muy
recientemente, y eso en forma parcial, com o m e
dida complementaria. Ese obvio contraste echó
más peso en la decisión del mundo que todos
los demás factores que inclinaban la balanza con
tra Francia.
La transicn se realizó parte en el transcur
so y parte como consecuencia de la siguiente
Gran Guerra, la de 1914-1918. Aquí, la maquina
ria de m ovilización de las masas de reclutas de
mostró ser un factor fatal en apresurar el con
flicto, ya que el dramático llamamiento de los
hombres de las diversas naciones, arrancándoles
de sus trabajos civiles, produjo un estado de ex
citación y perturbacn que perjudicó los esfuer
zos diplom áticos para evitar la contienda. Como re
calcaba el Canciller alemáncon mayor y más
profunda verdad de lo que él mismo creía , «la
movilización significa inevitablemente la guerra».
G na vez que estalló el conflicto, fué mostrando las
características anunciadas por el rumbo de ideas
del siglo anterior, y poodujo en las normas de
la conducta civilizada una degeneración que en
muchos aspectos fué peor que la marcada por las
guerras revolucionario-napoleónicas.
Un importante mojón de esta «gran degenera
ción» surgía cincuenta años antes de 1914, en la
guerra civil americana. Este conflicto fué, en m u
chos aspectos, el prototipo de la moderna «gue
rra total». La devastación de Georgia por Sher
man y del valle de Shenandoah por Sheridan se
encaminaban a minar la resistencia de Los ejér
citos confederados mediante la destrucción de sus
hogares, así como de sus fuentes de suministro.
Estas operaciones «anticiviles» resultaron ser más
eficaces que la devastación que Marlborough pro
dujo en Baviera, pues fueron decisivas en pro
ducir el colapso la Confederacn.
La guerra francoalemana de 1870-1871 se ca
racterizó por varios bombardeos terrestres de ciu
dades, no meramente de los fuertes que las de
fendían.
Otro escan hacia la inhumanidad fué el re
presentado por la guerra sudafricana. En aque
lla ocasión, la captura de las capitales de las dos
repúldicas boers no consiguió poner fin a la
guerra, como se esperaba, a causa principalmen-
te\ de la petición británica de que tendrían que
rendir su independencia. Tal demanda se desvia
ba de lo habitual en conflictos entre naciones
de origen europeo, y su totalidad de objetivo pue
de considerarse como la inauguración de la «gue
rra total». Los boers recurrieron entonces a la
-guerra de guerrillas. Después de intentar en vano
durante varios meses sentarles la mano por los
procedim ientos habituales, Kitchener adoptó el
plan de asolar el país, quemando las granjas de
los boers y llevándose a sus mujeres e hijos a
campos de concentracn, donde, según cálculos,
perecieron 25.000. Esto dejó una herencia de
amarguras que el posterior trato generoso que se
dió a los vencidos no consiguió borrar del todo.
El declive de la conducta civilizada se hizo
más marcado durante el conflicto mundial de
1914-18. Hubo un atroz aumento dé brutalidad
para con heridos y prisioneros; cuentos muy exa
gerados de «salvajadas» produjeron, a su vez, una
tendencia a no dar cuartel ; los saqueos se hi
cieron rabiosos; edificios históricos y otros te
soros de la civilización quedaban expuestos a la
destrucción, a la más ligera demanda de nece
sidad m ilitar; y las normas de guerra ideadas
para proteger a la población civil fueron tosca
mente violadas en muchos sentidos. La propa
ganda «de odio» multiplicó lodos esos m ales.
En el decenio anterior a la guerra, la Prensa
popular había desarrollado creciente tendencia a
satisfacer el apetito del público por lo sensacio
nal, y ahora, en época de guerra, se aplicaba
esa técnica para azuzar las pasiones. El proceso
llegó a los lím ites del absurdo cuando el «pa-
_8______________________________________
triotismo» impuso el 'destierro de la literatura
y la música de países «enemigos». Nada ilustra
más claramente la degeneración de la civiliza
ción que comparar estas modernas perversiones
con la actitud que prevalecía inclusive en las
guerras napoleónicas ; por ejem plo, las cortesías
que se cambiaban entre los ejércitos, la medida
de libertad y simpatía otorgadas a los prisione
ros y el modo en que arles y ciencias eran con
sideradas como «por encima tie las batallas». En
lo más enconado de aquella encarnizada lucha
se permitió a hombres de ciencia ingleses viajar
libremente por el continente, siendo hospitala
riamente recibidos por sus colegas franceses.
Más influencias a favor del mal se originaron
con la aparicn de nuevas armas que no enca
jaban en el antiguo código guerrero y tendían
así a producir en éste nuevas grietas. Ejemplos :
el submarino y los gases asfixiantes.
Pero más daños a la civilización y a las pers
pectivas futuras produjeron los adversarios de A le
mania con su modo de entender y practicar con
menor comprensión todavía que ese paísla teo
ría de guerra ilimitada que a ella extravió. Esto
quedó patente, sobre todo, al dar a la práctica
del bloqueo una extensión sin lím ites y al pro
clamar como objetivo de guerra la absoluta des
trucción del poderío alemán.
El ilimitado «bloqueo de inanición» resultó fac
tor decisivo en el colapso de Alemania y Aus
tria. Pero fué esencialmente un método inhuma
no de guerra, ya que a quienes hacía el máximo
daño era a los no combatientes, especialm ente a
los débiles y ancianos, y trabajaba por minar la
resistencia de los ejércitos adversarios infligien
do la miseria a sus familias. De este m odo, se
reprodujeron en mayor escala los métodos de
Sherman y Sheridan en la guerra civil norteameri
cana y de K itchener en la guerra boer. «Los m e
dios estaban justificados por el fin», en el inmedia
to sentido práctico de lograr el objetivo bélico,
pero no en el más grande sentido del objetivo de
paz. No sólo quedó em pobrecido, sino envene
nado el suelo en el que bahía de replantarse
la paz.
ÿ ÿ ÿ
El crecimiento de la guerra aérea ba sido te
rrorífico, lo mismo que la brutal desconsidera
ción por todo factor humano' en los bombardeos
desde el aire. Esto ba producido un área de de
vastacionesy en ciertas partes, una degradación
de las condiciones de vidaque no se conocían
desde el final de la Guerra de los Treinta Años.
Refiriéndonos a las operaciones aéreas alema
nas durante las primeras fases de la guerra, cuan
do los germanos gozaban de gran superioridad de
fuerza de bombardeo, bay que reconocer que se
atuvieron estrictamente a las condiciones de su
teoría y de su propuesta de anteguerra. El bom
bardeo de Varsòvia y Rotterdam horrorizó al mun
do (que más tarde había de habituarse a tales
matanzas aéreas) ; pero esa acción no se efectuó
hasta que las tropas germanas se abrían paso, lu
chando, al interior de estas ciudades, lo cual con
cordaba con las antiguas normas de bombardeo de
plaza sitiada, así como con la definición de 1935-36.
La desviación alemana de este código difícil
mente podría fecharse antes de septiembre de 1940,
cuando se desencadenó el bombardeo nocturno de
Londres, a continuación de seis sucesivos ataques
contra Berlín durante los quince días anteriores.
Así, pues, los alemanes estaban estrictamente jus
tificados al describir su bombardeo como repre
salia, sobre todo teniendo en cuenta que ellos ha
bían anunciado (antes de nuestro sexto ataque a
Berlín) que emprenderían tal acción si nosotros
no interrumpíamos nuestros bombardeos noctur
nos de la capital germana. Además, hay que con
fesar también que, pese a su abrumadora supe
rioridad de bombarderos, fueron ellos quienes to
maron la iniciativa pocas semanas después para
proponer un acuerdo mutuo que pusiera lím ites
a tales bombardeos urbanos. Y, además, en varias
ocasiones interrumpieron sus ataques en cuanto ob
servaban una pausa en las incursiones inglesas
(mucho m enos dañinas), demostrando así su de
seo de una tregua en aquella competición de bom
bardeos. Estas tendencias hacen resaltar, no el
«humanitarismo» alemán, sino su realismo a largo
plazo. Esto está de acuerdo con lo que la Histo
ria nos enseña de que una potencia agresiva cal
culadora suele medir más las consecuencias de no
hacer caso de restricciones que las naciones que
han de afrontar la agresión. Esa tendencia calcu
ladora está de acuerdo con el proverbio que reza :
«Un ladrón no asesina si no se ve acorralado
Saquen provecho de esta enseñanza los serenos
adversarios de la agresión.
En la última guerra, por contraste, se desarro
lló en Gran Bretaña enorme presión de la opinión
técnica y pública favorable a prescindir de las
tácitas restricciones de bombardeo que se obser
varon por ambos bandos beligerantes durante los
primeros m eses. Existía un ávido deseo de hallar
una disculpa, o inclusive de provocar una ocasión,
para poner a prueba la teoría aérea inglesa de
destruir las fuentes de producción bélica del ad
versario. El esfuerzo se inició casi inmediatamen-
-Y- '
te después que la ofensiva del ejército alemán en
el Oeste comenzara en mayo de 1940, y fué con
tinuado y ampliado tras el colapso de Francia.
El modo como se describió«plan maestro»
(«master plan»)expresaba los cálculos absurda
mente optimistas de quienes lo concibieron. V is
ta la pequeña escala de las fuerzas bombarderas
británicas, era, en verdad, algo así como tirar
guijarros para provocar al enemigo a replicar con
peñascos. Su principal resultado fué apresurar el
«blitz» sobre las propias ciudades inglesas, con
daños desproporcionadamente mayores en su pro
ducción bélica. Dadas las circunstancias del mo
mento, no podía representar cosa m ejor que una
forma de suicidio lento, del que tuvo la fortuna
de salvarse gracias a la decisn de Hitler de in
vadir Rusia, en vez de concentrar los recursos de
Alemania para crear una fuerza bombardera su
ficiente para liquidar a Gran Bretaña. Aquel cam
bio de dirección del esfuerzo germano proporcio
nó a Gran Bretaña el respiro que necesitaba para
ampliar su propia fuerza de bombarderos de di
mensiones superiores. Así y todo, las sucesivas
previsiones de su decisivo efecto en quebrantar
la producción bélica alemana fueron otras tantas
veces desmentidas por los hechos, aunque el to
nelaje de bombas se m ultiplicaba año tras año y
aunque los bombardeos de precisión se abando
naron a favor del aplastamiento al por mayor de
ciudades, mediante altos explosivos y cuerpos in
cendiarios.
Si bien esa estrategia de devastación desde el
aire quedaba dentro de las directrices naturales
derivadas de la estrategia tradicional británica,
acarreó un peligro mucho mayor a la civilización
por cuya defensa luchaba. La estrategia de tipo
naval que Inglaterra había practicado durante los
conflictos armados de los siglos XVI, xvn y xvm
era inherentemente más «bárbar que la estrate-,
g de tipo militar habitual en Clausewitz y en >
el continente, porque buscaba subyugar la vo-
Imitad de la nación oponente infligiendo daños
a sus m edios de vida, más bien que venciendo a
sus ejércitos. Así, en cierto sentido, apuntuha más
directamente contra la comunidad civil. Al m is
mo tiem po, su efecto se modificaba de dos mane
ras importantes : la primera la constituían las
naturales limitaciones de la presión naval, com
parada con el omnímodo alcance de la potencia
destructiva de la aviacn ; la segunda era la pru
dencia de los fines bélicos de Gran Bretaña, EK&.. « -.,.v¡5»y
solía prestarse gustosamente a aceptar una base ó' .'
de paz negociada cuando el enemigo se había ean-vrf
sado de la guerra. Excepto en el conflicto coíjtrá '
Napoleón, Inglaterra no prosiguió la lucha hasta
el fin, fin que tiene muchas probabilidades de
representar no solamente el agotamiento de las
fuerzas oponentes, sino el mutuo agotamiento de
la facultad de reconstruir la paz. Inclusive ; en
la guerra contra Napoleón, los estadistas brit'á-.
nicos cuidaron de asegurar que los términos uè;,
paz con el pueblo francés fuesen lo bastante
moderados para prometer una paz duradera. : A
Es la combinación de un ob jetivo ilimitado <1 <m j) ;. ;,
un método ilimitado (la adopción de petición dé'jr- -
rendirse incondicionalmente, junto con una ostra- .
tegia de bloqueo total y devastaciones por bombar
deo), lo que en esta guerra última ha producido
inevitablem ente un hondo peligro para los rimien,;..^*: -;y
tos relativamente superficiales de la vida civiliza- .
da. Sus amargos frutos ya esn cosechándose en:
los países que han sufrido este proceso de libeiraL
ción por la devastación. Todavía están por Ver)*,' ) :.
1 os resultados que para Europa tendrá el redil- 1
cir a Alemania tan terrible estado, comparabléW^je
inclusive al que se produjo con la Guerra de lojá?' v
Treinta Años.
En las circunstancias de esta pasada guerra
era difícil evitar el llevar esos medios hasta;
extremo, si considerábamos como nuestro pro
sito la rendición incondicional de las potencia:
adversarias. Pero eso no altera el hecho de qítL^-a;
esta política implicó el paradójico rumbo de b u siîë*
car la conservación de la civilización europc:
mediante la práctica de los más incivilizados mé
dios de hacer la guerra que el mundo haya co’
nocido desde las devastaciones mogolas.
EI futuro será modelado por el pasado. La m e:
jor promesa para el futuro estriba en el entéB»,
dimiento y en la aplicación de las leccionesdèi
pasado. Por tal razón, al tratar de los proble
mas creados por la última guerra, se obtendrá
mayor claridad examinando en conjunto la evolu
ción de la revolución bélica que fijándose sola
mente en las apariencias del momento. Si llega^
mos a comprender cómo se forjaron las condici
nes de esta guerra, se tendrán mayores posibi
lidades de evitar otra aún más mortífera. '
El problema, como una moneda, tiene do
dos : la «cara» es la evitación de la guerra ;í
«cru es la limitacn de la misma. Si la experim -
cia nos ha enseñado algo, debemos comprender
ahora los peligros de concentrar nuestros esfuer
zos únicamente en una potica perfeccionista de
evitar la guerra, mientras se descuida la neéçsi
dad práctica, si tal política fracasa, de limitar lá;
guerra, de forma que no se destruyan la:
peclivas de la paz subsiguiente. Porque ninguna
nación va a la guerra, ofensiva o defensiva, sin
el convencim iento de que, a su término, se ob
tendrán mejores condiciones de paz. Que estas
esperanzas raramente se cumplan es debido a la
ignorancia y a las pasiones desatadas, y estas
condiciones fatales se darán más acentuadas en
aquella parte que fuese obligada a ir a una gue
rra de autodefensa. Son las naciones pacíficas,
por encima de todo, las que necesitan aprender
que la moderacn en la guerra es la m ejor garan
a para la paz posterior-
Aunqúe la violencia estimula la violencia, pue
de actuar también como antídoto de aquélla. La
experiencia lo ha demostrado así. Hoy, el hecho
de que el mundo baya sufrido gravemente por
la plaga de la guerra dos